25.10.07

4 maneras de tapar un hoyo

Un hoyo es un espacio contradictorio. Por un lado puede ser concebido como ausencia, espacio inútil, peligro y final. Pero por otro lado un hoyo es también, o además, un espacio vivo y generador, dador de vida; un hoyo es posibilidad y potencia (y frecuentemente posibilidades y potencias).

En el corto se percibe la exploración de estas dos formas de pensar en un hoyo, una de las cuales va acompañada de la angustia y de la desesperación y la otra, de la esperanza y de la novedad. Sin embargo, la idea fundamental del corto es tapar un hoyo. ¿Por qué tapar un hoyo? Si se piensa en el hoyo como una amenaza o un peligro la razón es evidente.

Pero ¿por qué tapar un hoyo que se percibe como un ente que puede modificar la realidad o generar una nueva? La respuesta puede consistir en que la novedad es también un peligro. Según esta segunda concepción, la amenaza no está en el hoyo mismo, sino en la potencia del hoyo, no en su acto. En otras palabras, el hoyo actual se quiere tapar para evitar cualquier potencia del mismo hoyo. Todo este discurso se puede colegir de ciertos elementos en el corto dignos de consideración en cuanto a su significado.

La iconósfera cultural está formada por imágenes de una ciudad y de una habitación. En ella aparece un “pensador viviente” que, como Zeus engendró a Atenea, genera a otro pensador que hace lo mismo. Sin embargo la generación no se da por pura iniciativa del “pensador viviente”, sino que intervienen las gotas de agua que caen sobre las cabezas de los pensadores sucesivos. Podríamos hablar de “reproducción”, seguramente no sexual, pero sí “motivada”.

Más cultura aparece en la calle y en el subsuelo de la ciudad. La interacción entre los seres humanos es diferente en los espacios abiertos y en los espacios cerrados. En la habitación uno piensa, espera; solo, acompañado sólo por sus pensamientos, las alternativas de sí mismo. En cambio, en la calle la relación es diferente: la gente es capaz de reunirse alrededor de un motivo (un hoyo, en el caso de la película) mediante la suma de sus individualidades (y no hay conversación, comunión). Por otro lado, en el subsuelo no hay personas. Debajo de la tierra está el reino de la imaginación, o mejor: de las cosas que son por sí mismas, sin necesidad del ser humano. También esto es iconósfera sociológica.

La iconósfera mediática se relaciona con la forma en la que se presenta la información. En el corto hay música y no voz. Es una animación y no hay color: todo es blanco y negro; siempre está presente un ambiente de irrealidad y también de inestabilidad. Las imágenes oscilan constantemente. Esto nos lleva a un mundo vacilante, en el que la política y la economía también se tambalean.Sociológicamente podemos ver el papel de la niñez en la sociedad. El niño, al patear el hoyo, lo lleva a otro espacio, rompe la inacción de los adultos congregados y crea nuevos paradigmas. ¿Y de donde salen los niños? ¡Pues de los hoyos (que alguna vez fueron llenados)! El hoyo, pues, no es sólo un espacio vacío, sino también un generador de reacciones.

Acaso se tenga miedo al hoyo, a lo incompleto, a lo no-lleno. Por eso cuando el agua abandona “su hoyo” a través de otro hoyo se siente la necesidad de rellenar, de completar, de “deshoyar”. Esto incluye una reflexión moral. Volvemos a preguntar: ¿por qué tapar un hoyo? ¿Acaso no es mejor dejar que los hoyos sigan siendo hoyos? Las consideraciones morales son múltiples cuando se reflexiona sobre la acción de tapar un hoyo. Tapar como ocultar. Tapar como olvidar o preterir. Tapar como generación. Tapar como equilibrio. Tapar como destruir. Y finalmente, ¿qué es mejor: tapar temporalmente o tapar para siempre?

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