13.7.07

Vivir con la madrastra, ¿cuento de hadas o de terror?

Hay madrastras buenas y otras no tanto. No tienes que llamarte Cenicienta para que te haya pasado. En todo el mundo podemos encontrar a gente tan buena como Hitler o tan malévola como la Madre Teresa. Y nuestras madrastras pueden ser cualquiera de las dos. Y si nos tocó algo de mala suerte, podemos a veces sentir que vivimos un infierno. Pero no todo está perdido…

Hay que empezar señalando que no todas las madrastras son una pesadilla. Hay distintos tipos: están las divertidas, las entusiastas, las cool, las chifladas, las intelectuales, las deportistas, las aburridas, las elegantes, las complacientes, y por último pero sin negar que existen, las malditas. Puede que sea un tabú hablar de esto, ya que gracias a los cuentos y las películas pareciera que son el único tipo de madrastra que hay. Puede que tú asegures que la tuya es definitivamente de éstas últimas.

Primero que nada, tienes que descubrir si no estás exagerando. No tienes que estar paranoica para exagerar. Casi toda la gente lo hace cuando se siente mal por algo. Entonces, antes que nada, recuerda de todas ésas veces que sentiste que te ponía reglas tontas o te regañó por cosas que no creías que tenían sentido. Ahora siendo justa y parcial piensa si cabe la posibilidad de que ella tuviera razón y tú no. Recuerda que puede que nos equivoquemos 200 veces por cada vez que tenemos la razón, según Edison.

Si podemos descartar que exageras, lo siguiente es ver si el problema es nada más que tu carácter y el de ella no congenian. Puede que tú seas muy acelerada y ella muy calmada, o que a ti te guste dormir toda la mañana y ella quiere salir a correr a las 5 de la mañana. Sea como fuere, si sabes que éste es el problema, lo único que tendrías que hacer para mejorar las cosas es hablar con ella. Así de fácil. Cuando dos personas no se llevan entre sí, es porque no se entienden. Si logras encontrar el momento apropiado (es decir, no cuando te esté regañando ni cuando le estés reclamando) para hablar con ella de lo que te molesta y la razón, lo más seguro es que lleguen a un acuerdo.

Si lo anterior falla, puedes pedirle a alguien más que te ayude a platicar con ella (tu papá, hermano, hermana, tio, prima, etc.) y que así no te eches el paquete sola. Si aún eso no funciona, puedes hacerlo por carta. De la forma que decidas hacerlo, recuerda siempre que hablando se entiende la gente.

En algunos casos, hablar una vez no es suficiente como para arreglar las cosas. Puede que tú o ella tengan que hacer un esfuerzo en cambiar algún vicio o hábito que tengan (tal vez a ella le guste fumar puros con las ventanas cerradas, o tú veas la tele sin zapatos después de haber bailado dos horas de jazz). El esfuerzo valdrá la pena, ya que al fin y al cabo, ella ya es parte de tu familia y es mejor tener a los que te rodean más felices que enojados contigo. Es la opción.

Por último, imaginemos el remoto caso en que sabes perfectamente que ella es el problema (tú no tienes nada que ver), se rehúsa a hablar contigo, no entiendes que es lo que quiere ni por qué se pone así a veces, no quiere cambiar nada y tú ya cambiaste todo lo que te pidió. Suponiendo que esto existiera, por más raro que suene, debes de buscar ayuda con dos personas: tu mejor amiga y tu pariente con el que más te lleves. Con tu amiga puedes desahogarte todo lo que quieras, siempre y cuando le tengas confianza, y con tu pariente que más quieras debes empezar a formular un plan para hacer que tu pesadilla acabe. De alguna manera se tiene que dar cuenta del esfuerzo que haces para ser buena y hacer feliz a todos en la casa.

Si eres una de las que su madrastra es una historia de terror, descubre la luz que hay al final del túnel. Si llegas a ella, puede que descubras que tu madrastra no es ninguna arpía, sino una persona común y corriente. Y muchas veces hasta puedes encontrar el apoyo que necesitas. Puedes llegar a llevarte muy bien con ella, y créeme, una amiga más grande que tú siempre es de gran utilidad.

Tu madrastra ya es parte de tu familia. Depende gran parte de ti si llega a ser parte de tus amigas.

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