7.3.07

La isla real

En un local en donde todo pareciera controlado para la supervivencia del humano, situado en un mundo devastado por la contaminación humana, es ahí donde se da la historia de La Isla.

De Michael Bay (Armageddon, Peral Harbor) nos concientizamos en un mundo tétrico y blanco, controlado al 101%. Es ahí donde los clones (Scarlett Johansson y compañía), de los que su vida entera es patrocinada por los originales, viven con máquinas que les miden la orina y que les dan su comida especializada. Todo en una falacia de que el mundo afuera está devastado.

La Isla no es más que una ilusión, misma que se ve rota cuando el protagonista encuentra una mariposa dentro incomodando las blancas paredes del lugar donde los tienen. Es en ése momento cuando los cuestionamientos de parte de él, luego de la Srita. Johansson (para no tutearla) y al final del resto de los clones, cobran vigor.

La búsqueda de sus originales (de donde sacaron los clones) es total y completamente un pandemonium de acción, en el que las personas que controlaban el entorno y a los clones hacen hasta lo imposible para frenar los objetivos de los protagonistas, cosa que logran parcialmente.

No cabe duda que la película te da una sensación de falsedad de la realidad muy al estilo Matriz, pero esto se pierde en el momento en que comienzan a buscar los dobles. La razón es para mí tan desconocida como la realidad para los clones al principio.

También lanza el cuestionamiento futurista de que si algún día llegará a pasar ello en el mundo real (que podríamos decir que está fuera de la película, fuera de esta otra “Isla”). Fuera de ello sólo se puede decir que es una película que te hace razonar y te lleva de acción en acción a un desenlace más o menos esperado.

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