7.9.06

Realidad fantástica

(éste cuento lo hice en prepa. rayos. qué me fumaba)

El planeta Arreit era “dominado” por ANUE. Y pongo dominado entre comillas por los sucesos que ocurrieron y que dieron lugar a este cuento...

Hubo dos grandes razas en Arreit. La primera era la de ANUE, que era el reino más poderoso del planeta, tenía la mejor economía y, como toda monarquía poderosa, las mejores armas. En resumen, tenía dominado a casi todo el resto del mundo, ya por tratados económicos, ya por su poderío militar, especialmente con las llamadas “guerras por la paz mundial”.

Las raíces de los anuenses provienen de los nativos de una región llamada Aporue, que era un gran grupo de reinos probablemente tan grandiosos como ANUE. Los aporuenses llegaron hace mucho tiempo a las tierras de ANUE, cruzando un gran océano hacia el Este, en donde se establecieron. De manera que los aporuenses eran ancestros directos de los anuenses, sin embargo, años después, estos reinos ya no tuvieron mucho en común. ANUE era un país opresor que tenía todo controlado, o por lo menos así lo creía su rey: Shub. Shub subió al trono en un momento en el que no se dudaba del poder de ANUE, ni se quería llegar a dudar, excepto tal vez por Aporue, cuyo líder principal, Carich había hecho crecer la región de tal manera que ya era una seria competencia para ANUE.

Los miembros de la otra gran raza de Arreit estaban al Oriente de Aporue. Éstos estaban sojuzgados por los anuenses. Aquí estaban tanto la pequeña región de Natsinagfa, famosa por lo aguerrido de sus nativos, y Kari que era un reino no muy grande en extensión, pero sí en ejército. Los natsinagfacos y los de Kari odiaban a los anuenses con toda su alma, por ser lo que eran: los árbitros del mundo.

Arreit estaba en calma, gracias claro a ANUE que mantenía el orden con sus llamadas “guerras por la paz mundial”; pero en un rincón en una cueva secreta de Natsinagfa se habían estado maquinando desde hace tiempo los planes para derribar -o por lo menos sacudir- el poderío de ANUE y del rey Shub. Estos planes eran comandados por un natsinagfaco de nombre Amaso, que era líder de un gran grupo de natsinagfacos que, aunque de manera terrorista, gobernaba a Natsinagfa.

Amaso tenía a sus órdenes a hombres aguerridos hasta el punto de decidir, por voluntad propia, morir por Natsinagfa atacando a ANUE y a cualquier otra cosa que tuviera que ver con Shub. El plan que ideaba Amaso consistía en infiltrar a sus hombres en ANUE como inmigrantes para que, estando en territorio enemigo, orquestar ataques en puntos clave del reino aprovechando las mismas armas que utilizaban los anuenses en las “guerras a favor de la paz mundial”. Algunos de los objetivos eran el Comando de Operaciones (símbolo del poderío militar de ANUE) el palacio donde vivía el rey shub, y por último el Centro de Tratamiento de Wolframio, mejor conocida por sus siglas CTW, símbolo de la verdadera razón del poder anuense.

Es momento de abrir un paréntesis para explicar esto. El Wolframio es un metal gris, casi negro, bastante escaso, que era usado en Arreit para una sola, pero importante actividad: como era tan maleable y aún más importante, flamable, con el Wolframio se fabricaban lanzas y proyectiles que eran lanzados con catapultas y que por estar en llamas constituían una verdadera lluvia de fuego, capaz de carbonizar cualquier material, desde piedras hasta piel humana. En pocas palabras, las guerras en Arreit se ganaban por quien poseía más armamento de Wolframio.

Ahora bien, ANUE no tenía muchas reservas de Wolframio, además de que lo que tenía no lo utilizaba porque, gracias a las ya mencionadas “guerras por la paz mundial”, había logrado “obtener” socios -algunos derrotados en guerra- que tenían grandes reservas del mortal metal y a quienes, que mediante diversas presiones y amenazas, obligaba a venderle el Wolframio a precios muy bajos. Este era el caso de Kari, una de las razones del odio contra ANUE y el por qué de la importancia del CTW.

Regresando de nuevo a la historia, los natsinagfacos de Amaso se habían infiltrado desde hacía mucho tiempo en ANUE y ya habían logrado robar una gran reserva de Wolframio, y fabricado un arsenal inmenso. El día se acercaba más y más.

Amaso pensó que no tendría por qué rebajarse al nivel de los anuenses con un ataque tan ruin, y mandó una serie de avisos y amenazas al rey Shub, mediante sus natsinagfacos en ANUE, desde varios meses antes del ataque. El soberbio rey Shub ignoró los mensajes, creyendo que sería imposible desafiar a su reino. No sabía que, aunque alguien sea pequeño, el odio no tiene que seguir su tamaño.

Lo que ocurrió después, al parecer no lo suponía nadie, y menos el arrogante Shub. ANUE tenía a sus pies enteramente a Arreit, y el mundo entero lo creía, hasta ese día.

El nueve de noviembre (09/11), los natsinagfacos de Amaso realizaron su ataque. Centenares de lanzas y bolas de las catapultas ardientes cayeron sobre los objetivos. El impacto fue devastador. El comando de operaciones de ANUE quedó medio destruido y el palacio de Shub se redujo a unas cuantas cenizas, aunque el rey salió ileso. Pero lo que quedó totalmente reducido fue el CTW, en donde perecieron miles de anuenses, sin contar con que el símbolo del poderío del reino había sido destruido. Aunque en el acto también murieron calcinados por sus propios proyectiles algunos natsinagfacos, debido a que no pudieron controlar tal cantidad de fuego.

Amaso estaba que no cabía en sí del gusto. Y no era el único. Los de Kari también tuvieron alegría ese día viendo que su opresor no sólo había sido vencido, sino ridiculizado, pues el gran reino había sido engañado y humillado por el insignificante Natsinagfa.

Mientras tanto Shub, entre la confusión y el enojo, decidió atacar por todos los medios a Natsinagfa, y matar a como diera lugar a Amaso. Para esto buscó el consentimiento de Carich, el máximo soberano de Aporue, quien al ver que se trataba de un ataque contra civiles, especialmente en el CTW, condenó los ataques puesto que habían sido contra civiles y dio su consentimiento a Shub.

Shub mandó a la élite de lanceros y catapultas, además de enviar a la mayoría de sus generales en busca de Amaso para matarle. Otra de las famosas “guerras por la paz” había comenzado, esta vez en contra del terrorismo.

En pocos días Natsinagfa había sido destrozado y la gran mayoría de los capitanes natsinagfacos estaban siendo encarcelados en los calabozos de ANUE. Natsinagfa pasó a ser una vez más un títere de Shub.

Mientras tanto Amaso había logrado escapar al último rincón de Arreit donde Shub no tenía dominio: Kari. Allí conoció por primera vez al líder de los karis, el amado y a la vez temido Niessuj. Niessuj y Amaso eran los únicos gobernantes que habían tenido las agallas -y tal vez la estupidez- de hacer frente públicamente a ANUE. El resultado de esto para Amaso había sido lo que acababa de ocurrir, la destrucción de su reinado, y para los karis la obligación de vender por muchas décadas el Wolframio a ANUE a precios de regalo.

Niessuj poseía una vasta reserva de armas de Wolframio que estaba dispuesto a usar si ANUE intentaba hacer algo en contra de Kari, es por ello que Amaso fue a Kari en busca de protección.

Shub no estaba satisfecho con haber acabado con el régimen de Amaso en Natsinagfa, pues sólo eso habría sido en pago del ataque del nueve de noviembre en el CTW, sino que ahora quería tener dominado por completo a uno de los mayores productores de Wolframio: Kari. Para esto buscó la excusa de que las minas de Wolframio de los karis eran una creciente amenaza para ANUE y el resto de Arreit, y esto fue comunicado a Niessuj en cuanto se declaró la guerra.

Niessuj no quería luchar, y por ello mandó mensajeros en busca de Shub para llevarle el recado de que su armamento era mínimo y por lo tanto no era una amenaza para ANUE. Shub ignoró los mensajes.

Carich, el monarca más grande de Aporue, no aceptó que Shub atacar de nuevo, esta vez a Kari, puesto que vio que los intereses eran sólo para el enriquecimiento de ANUE. Carich opinó que debía dejar en paz al reino de Niessuj, a menos que realmente quisiera hacer algo peligroso. Carich pensaba que no se debe hacer una guerra sin necesidad, y cualquier necesidad debía ser evitada mientras se pudiera.

Shub ignoró el consejo de Carich y empezó a mandar sus tropas a Kari. Todos los soldados armados con lanzas de Wolframio y los operadores de las catapultas acudieron al llamado y marcharon hacia Kari. Su cometido era sólo uno: la destrucción completa de Kari.

Mientras tanto Niessuj se preparaba para lo peor. Con el consejo de su nuevo aliado Amaso, logró formar con el poco tiempo que tenía, una defensa admirable. Murallas enormes se alzaban en torno a la ciudad principal, la majestuosa Lubak. Los miembros de los batallones Karis fueron organizados para lanzar flechas de Wolframio, aprovechando la destreza de sus arqueros.

El ataque no se hizo esperar. Shub llegó al mando de sus tropas y rodeó Lubak con todas sus catapultas. Los lanceros estaban esperando alrededor de la muralla a que cayera el primer bólido de fuego que saliera de las catapultas y les abriera el paso hacia la ciudad. Extrañamente no se veía ningún arquero kari en las murallas ni en sus torres. Shub dio la señal y se abrió el fuego contra las murallas.

Las murallas sucumbieron ante la embestida incandescente, pero ocurrió algo inesperado. Los lanceros anuenses cayeron junto con las paredes flameantes, ya que se derrumbaron sobre ellos. Los arqueros karis salieron de entre las llamas entre aullidos y alaridos, y comenzaron a lanzar sus varas prendidas ante los asustados y a la vez sorprendidos anuenses.

No fue tomado ningún prisionero. Y de Shub, lo último que se supo fue que estaba hecho una antorcha humana, y corría despavorido intentando aplacar las llamas que carcomían su piel. El reino más poderoso de Arreit fue vencido por su propio poder. Por querer tener mas había perdido lo más importante que tenía: su gente.

Carich, a pesar de la buena relación que había tenido alguna vez con Shub, decidió hacerse aliado de Niessuj. Juntos hicieron una promesa y un tratado: el de quemar todo el Wolframio del planeta Arreit. Y así lo hicieron. Ningún metal volvería a valer más que cualquier vida humana.

Epílogo

Ahora, ya no hay ningún reino que domine Arreit, ni nadie que lo crea. Pues esto es sólo un cuento, aunque con una realidad oculta: si se leen los apelativos de los monarcas y de los reinos al revés, y se toma el Wolframio como algo líquido en lugar de sólido, se descubrirá la verdad que podría ocurrir en un mundo que no es el de este cuento, mismo que termina con esta última palabra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario