3.6.06

El lujo eterno

Primero escribiré que al parecer los lujos que han estado en boga a lo largo de nuestra historia, están igual de vigentes hoy. Comentaré cada aspecto a continuación:

Al principio de la humanidad, en la prehistoria y hasta el renacimiento, existió un cierto tipo de lujo. El ornato, la fiesta, la esplendidez y el despilfarro eran fenómenos presentes en la vida de nuestros antepasados primitivos.

Los cazadores-recolectores del paleolítico, tenían viviendas rústicas y utensilios poco refinados. Pero su tipo de lujo no era una acumulación de cosas, sino un malgasto de las que tenían. Esto es, que se “daban el lujo” de no guardar cosas. Hoy en día, el no guardar se ve mal, pero también se ve como un “excéntrico” el que lo hace.

Ahora, por otro lado está la “kula”, como llaman los melanésicos a las dávidas. Éstas son intercambios de cosas entre grupos de personas que no buscaban un ámbito comercial, sino un intercambio social y de poder y de amistad. Un ejemplo de esto es un anillo de compromiso. Así de simple. Lo das en calidad de amor y no buscas nada de ganancia (salvo el poder estar con ella el resto de tu vida).

También está el potlatch, que es la destrucción de los bienes materiales sólo para demostrar grandeza. Y los mismos jefes eran los protagonistas de estos rituales, ya que por su condición de jefes, también tenían que organizar cosas de derroche para los no-jefes. Jackass es un ejemplo de ello. Otro es los conciertos de rock en el que rompen los instrumentos. Todo como en los buenos tiempos.

Luego llegaron los lujos religiosos, que estaban basados en talismanes, fiestas, ofrendas y objetos de culto. Cualquiera se podía desmedir para hacer algo bien para su dios o espíritu. De aquí se derivó una fusión entre el jefe y el dios, los dioses-reyes como en Egipto, China y Mesopotamia. En niveles socioeconómicos más bajos, esto sigue tal cual como era. En los niveles de clase media alta y alta, ha pasado a ser una cosa espiritista más que espiritual: clases de yoga, feng shui en la casa, lectura del café… en fin. Se degradó un poco el sentido del lujo espiritual, pero sigue ahí.

Estos reyes-dioses tenían la obligación de tener ambas naturalezas y demostrarlas al mayor grado, por ello tenían el lujo de seguir construyendo templos, tumbas, edificios y estatuas más grandes que las de su antecesor o vecino. Todo ello para demostrar su poder monárquico y llegar a una vida celestial mayor que en la que vivían. Un segundo piso. De nuevo se “denigra” por lo que se hace el objeto de lujo: ahora no hay vida eterna, pero sí mandatos eternos (Salinas) o que parecen eternos (Bush).

De aquí también que cuando se creó el estado, se jerarquizó todo debajo del rey y de los dioses, de modo que había lujos grandes y lujos pequeños. Muchas de estas creencias siguieron en la época grecorromana y en el medioevo, junto con la mitología griega y el feudalismo. Ir al Churchill´s es un lujo para Slim (y lo dudo bastante). Ir a McDonald´s es un lujo para Mahetsi Yoliguani (india zapoteca).

Por fin llega el renacimiento. Es aquí donde se renueva una idea: lo antiguo es sagrado y es un lujo. Ya que estaba en boga el desentierre de cosas. Además llegan las modas, por una sociedad cambiante, así que a la vez está la futilidad y lo desechable como algo lujoso. Todo esto desemboca en el arte. Y hoy tenemos arte desechable (productos de consumo “diseñados”).

Un lujo se terminó de considerar no por el objeto o hecho o suceso en sí y su valor material o de fabricación, sino por lo que representaba.

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