18.4.06

Dejando el poder en otras manos

Hace un lustro de años, la italiana Sonia Gandhi, cuya familia ha sido la que ha gobernado sabia y democráticamente India en los últimos años, llevó a su partido a una victoria sorpresiva en las elecciones de dicho país.

¿Por qué nos interesa esto? Bueno, India es el país democrático con más habitantes, y pronto será el país (sin ninguna especificación) más poblado de la tierra. Y una de las futuras potencias mundiales. Tiene armas nucleares, uno de los territorios más importantes del mundo en extensión, es líder en tecnología y tiene una de las economías más fuertes de Asia y del mundo (contando que aún gran parte de su población se guía por el sistema de castas). Pero México no tiene contacto siquiera diplomático con ella. O por lo menos al nivel que debería tener.

Y debería tenerlo, por lo menos para aprender algunas cosas de los supravalorados hindús.

La primera enseñanza que nos dan a todos los países subdesarrollados, es que el neoliberalismo no es lo que se necesita para el progreso de un país pobre, sino un gobierno que confía en el poder humano.Esto no lo digo yo, sino que millones de votantes renunciaron el neoliberalismo al elegir a Sonia como su Primer Ministro. Pero las lección va mucho, mucho más allá.

Sonia Gandhi, a pesar de ganar con una inmensa mayoría de votos, anunció que no sería la Primer Ministro de India.¿Perdón? ¿Es decir que ganó por la buena, y luego lo dejó ir? Así es. Lo dejó porque sabía que si se volvía Primer Ministro el país estaría dividido (en dos, no en 5, por cierto, aunque aquí estemos acostumbrados a dicha división).

“Desde siempre había pensado,” dijo Sonia,”que si me encontraba en la posición en la que estoy ahora, seguiría mi voz interior. Hoy esa voz me dice que debo humildemente declinar a este puesto.”

Sólo en los sueños más guajiros de México nos encontraríamos a un político que diría, o mejor aún, que haría semejante cosa.

Y menos “Rumbo al 2012”.

La pregunta es: ¿Cómo ocurriría éso en México? Hoy en día, es inimaginable.

Primero que nada, India se gobierna por partidos que rigen el parlamento, no a la nación. En otras palabras, como en todo país con una política desarrollada, no es un hombre el que toma las desciciones que luego quedarán atascadas en las cámaras (¿suena familiar?). En otros países son por lo menos dos personas (España, Francia, etc.) y en otros, como India, son muchos más.

Pero eso es inconcebible en nuestro país. Para aspirar llegar a ser presidente, diputado, gobernador y/o demás, se necesita tener un ego sobredesarrollado. Sin éste, ninguna persona puede salir y buscar apoyo entre los acaudalados y ciudadanos comunes para juntar miles y millones de pesos para su campaña. Tampoco podría hacer manifestaciones multitudinarias para mostrar su “poder” de convencimiento para las próximas elecciones. Y lo peor, es que dicha gente que quiere ser presidente, ya tiene y quiere más poder.

Y el mostrar el poder se ha vuelto entre los mismos políticos. Van en contra de la oposición o viceversa para ver quien aguanta más. Videos de un lado y del otro mostrando lo que ya sabemos todos los mexicanos: que el gobierno es corrupto y apesta, pero siempre enlodando al otro partido. Nuestros políticos dejan atrás al país y ponen primero sus diferencias individuales, políticas, ideológicas y demás patrañerías para enseñarnos quien tiene y tendrá el mando.

Y los hindús nos enseñaron que es precisamente éso lo que menos importa (si es que aún no lo sabíamos)(aunque la verdad es que podríamos haber estado confundidos con tanto jaleo últimamente).
Sonia Gandhi demostró al renunciar a su cargo que el poder debe de servir al país, no al partido, no a la posición ideológica, no al gobernante.

Una cosa más. Los hindús tienen de vecino en el norte (favor de tomar nota) a un país más fuerte y que hace las cosas como le da la gana (y no es Estados Unidos). Pero a los hindús, les ha importado en lo más mínimo. Tienen algunos pactos, pero no permiten que su vecinote les ponga restricciones.

Al parecer no nos entendemos con India ni diplomática, ni políticamente. Y no creo que en algún futuro cercano lo hagamos.

Seguiremos teniendo un país pobre (60% por lo menos) limitado por políticas exteriores y enfermo en las interiores. Tan enfermo, que seguiremos teniendo presidentes (ya sea por la pobreza estructural de nuestra forma de gobierno, o por el anhelo de poder de los gobernantes) que busquen bautizar con su nombre cosas, más que sacrificarse al país.

Irónicamente, la grandeza en un líder exige humildad. Exige mucho de una persona el dejar el poder, o no usarlo para el propio bien. Es una lástima que México por no contar con la política estructurada de una forma correcta, haga imposible el encontrar un líder auténtico.

Si nosotros, los votantes, no buscamos uno que lo sea, tendremos a más de un Luis XVI en el 2012.

Publicación: 20/may/MMIV, Vanguardia, Saltillo

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