30.1.06

¡Qué pasón!

(aunque sea difícil de creerlo... lo escribí para una tarea de semiótica)
(sí, para la universidad)


Nos encontrábamos en el escondrijo. El Barbas nos había traído un nuevo estupefaciente: una caja idiota. O por lo menos era un derivado de ella bastante fuerte. Lo digerimos, como lo hacemos con todo lo que el Barbas nos trae. Tuvimos que contar luego nuestra experiencia exorbitante. Todos nos dimos cuenta que el Barbas lo había hecho con sus propias manos.

En el letargo después de esto comenzamos a tener unas visiones hermosísimas. Ojos cortados como la luna con nubes, andróginos andando en bici, amor y desamor. Lo plasmamos cada uno en un pequeño trozo de papel con tinta digitalizada. No entendíamos bien lo que pasaba después de todo.

Entonces tuve un momento de genialidad. Llegué a ensamblar un invento que revolucionaría la humanidad, y llevaría mi nombre. Diegotines. ¿El nombre es mejor que el invento? Eso parece...

Por último tuvimos que probar una cosa francesa, bastante densa entre varios. El resultado no lo sabemos aún, el Barbas tendrá que ver que pasa.

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