15.6.05

He leído al Pato Donald

Desde que comencé a leer, a un lustro menos de los 10 años, leí al Pato Donald. Crecí con él. Debo haber leído unos 100 “comics” de Disney. Pero nunca me imaginé lo que escondía detrás. He leído algunos libros de Disney (La verdadera historia de Walt, El lado oscuro de Disney), pero nada tan intrincado y rebuscado como éste.

Empecemos por lo primero: nunca le vi nada malo a las historietas. No son exactamente las mismas que las que leyeron Dorfman y Mattelart, ya que en México era otro distribuidor y empecé casi 20 años después. Pero el contenido es básicamente el mismo. Hoy en día es casi imposible encontrar una de éstas historietas en México. Sanborn´s dejó de vender revistas porque DIMSA, su distribuidor se peleó con alguien. Los voceadores también se pelearon con la editorial Abril Cinco, la que tenía las historietas en México.

Empecemos con el primer tema. Los méritos, el dinero. No me afectó haber leído el Pato en éste aspecto. Firmemente creo en que siguen siendo medios y no fines. Pienso que especialmente en ésta parte los autores dieron en el clavo. Es lo que más se nota en las historietas (aún tengo un par) y en la gran mayoría de las historias que se cuentan se nota. Palomita para los dos chilenos.

Respecto a las mujeres y su rol pasivo en la sociedad, nunca lo noté. Quizá por mi edad. Pero en éste punto se puede observar lo mismo en todo Disney: princesas que no hacen nada más que esperar al príncipe, trabajar en la casa, estar con sus gatos… La única excepción es quizá Mulán, pero no tanto. La sociedad puede seguir su curso sin ellas, a pesar de que sean protagonistas (en “La Sirenita” el príncipe Erick se va a casar con Úrsula que es tiene la voz de Ariel, y sólo por eso).

Luego viene el eterno cortejo. Se rompió este paradigma con “Los Increíbles” pero de ahí en fuera: nada. Los hombres siempre insaciables, como perros, las mujeres siempre con el poder sexual, como mamíferos cuadrúpedos de pelo largo rojizo con un punto blanco al final de su cola. Ejemplos de ello: Aladín y Megara (en Hércules). Los finales “felices” también están incompletos ya que nunca se ve la “vida familiar”, excepto en “Los Increíbles”, que hasta peleas y dudas matrimoniales se ven. Mucho más real, pero es única.

Siempre admiré a Hugo, Paco y Luis. También a Tato y Nico (sobrinos de Mickey). Pero puedo decir también que nunca me cayeron bien. Lo mismo por lo que son “sabelotodos”, como el “seudoperfecto” Mickey (como le dicen en el libro), son hartantes, Donald se me hacía tonto, siempre viendo lo directo y no más allá. Tío Rico está solo, pero siempre busca más, por lo menos.

En cuanto a quién tiene la autoridad en todos los casos, incluso con los de las tribus de los buenos salvajes, siento que no siempre son los niños (aunque sean los que sepan más) sino los que tienen el objeto deseado, apoyándome en Greimas, los que tienen el mapa, el invento, la joya. No sólo el más listo. Los salvajes dependen de la ciudad porque tiene los recursos, pero la ciudad depende de ellos por sus riquezas. Tienen razón en decir que no tiene voluntad propia el subyugado, pero es porque no tiene un objeto de deseo por el que se mueva. Pero al fin y al cabo es real el ejemplo: si no te mueves, alguien te usará. No es que esté bien, pero es real.

Ahora, realmente creo que exageraron, lo rebuscaron demasiado, como ya había dicho. Tienen razón en casi todo lo que dicen, excepto en que se busca siempre el dinero y no el bien común. Recuerdo un capítulo en el que Donald tiene que dejar una fortuna para poder salvar un pueblo de un derrame de petróleo (que estaba tapado por el tesoro).

Disney tiene cosas rescatables. Dorfman y Mattelart tienen razón en todo, pero afortunadamente no afectan tanto en un niño pequeño como dicen. Hoy a más 30 años de que se escribió, no veo ningún estrago en la sociedad del tipo que se describen en Disney. También no todos leyeron al Pato. Y ojalá y un libro pudiera cambiar la mentalidad de tanta gente, aunque sea uno de historietas. Pero no pasa. Veamos las de los políticos, por poner un ejemplo.

Ya no podremos ver si las historietas del Pato influyeron en las generaciones que me siguieron, pero la cultura Disney sigue impregnada en sus películas, parques y juguetes. A ver si nuestros niños mexicanos cambian y se quieren ir a Estados Unidos por el mundo Disney y no por trabajo para comer. A ver.

(Si funciona, hacemos el “Mundo Odisea Burbujas” aquí en México para jalar a los guatemaltecos)

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