31.5.05

Odio latino

Me repugnan los “latinos”. ¿Por qué? Por ser.

Lo único que me inquieta es que no saben latín. Ni tampoco son latinos, es decir, no provienen de Italia (en su mayoría). No es latino tampoco el que hable una lengua romance, puesto que en Madagascar hablan francés, y no creo que alguna vez se les haya llamado latinos. Pero eso no significa que no haya latinos negros, como en Jamaica, aunque también hay latinos blancos, como son los argentinos. ¿Entonces se les llama “latinos” a los que viven en Latinoamérica? Al parecer tampoco, en Costa Rica, antes eran gringos. Y los indígenas de nuestras tierras, los que no hayan tenido ningún contacto con otra “raza” (aunque es prácticamente imposible), tampoco son latinos, sino “indios”.

Entonces creo que no sé a quién odio…

¿Quién sería tan iluso como para pensar que la “raza” sigue siendo un factor para estratificar al género humano? Sólo alguien que no haya oído la palabra “globalización”. Y gracias a ésta, todo el mundo la ha oído.

Pero supongo que se necesita alguna prueba de que la “globalización” ha acabado con la “raza”. Un ejemplo. Juan es un mexicano, nieto de una mujer de “color” (supongamos que de color oscuro) y de un español de Barcelona. El es “latino”, pero su abuela es “negra”, descendiente de africanos, y probablemente de alguna región que fue conquistada por la “raza” de su esposo en el Imperialismo. Y hablando del abuelo, quien es “hispano” (de España), podemos suponer por sus rasgos físicos y la historia de Barcelona, que algún antepasado suyo fue compatriota de los árabes que ocuparon esa región por siglos. Los árabes provienen de Abraham, que, era sumerio (hoy diríamos que iraquí).

Si esto lo tomamos al pie de la letra, Juan debería por lo tanto cantar hip hop, ponerse cadenas de oro, usar ropa holgada y hablar “slang”. Además de que sería buscado por el FBI por pertenecer a la organización para la operación de armas masivas de Saddam Hussein. Y si fuera con nuestros vecinos del norte sería odiado por el gobernador de Florida, por ser “brownie”.

Entonces, si la raza es tan relativa y difusa ¿por qué en México le damos aún tanto interés? Qué es mejor (o peor) ¿tener ascendencia de los celtas o de los aztecas? La lógica nos dice que no importa, pero el malinchismo y la seudoestética de moda nos marcan otra pauta a seguir.

Güerito es sinónimo de riqueza (aunque el güerito tenga pelo negro). Güerita significa guapa (aunque le haya explotado un cuete en la boca). Y aunque sabemos que ambos significados tienen un alto riesgo de ser generalizaciones, seguimos estereotipando a la gente por su “raza”.

Las razas, aunque sigan o no existiendo, no son algo determinante en la personalidad, nivel socioeconómico, belleza o estatus social de la persona.

Una persona es un individuo de la raza humana por definición. Esto quiere decir que todos somos de la misma raza, sin importar los accidentes particulares de cada quien. El dividirnos en colores no es válido, porque igual nos podríamos dividir por forma de las cejas o tamaño del pie.

Podemos ser distintos, pero esa distinción es la que nos hace más interesantes. No hay una “raza superior” (lo siento Hitler) pero si hay, gracias a Dios, razas distintas. Que monotonía de mundo sería en la que todos creyéramos, pareciéramos y viviéramos igual.

La persona es igual de persona a todas las demás que difieran con ella en cómo se ven, qué piensan, cómo actúan. Yo soy “latino”, pero puedo actuar como anglosajón y pensar como oriental. Aprendamos todo lo que nos puede brindar de bueno y diferente cada “raza”. Pluralicemos nuestra vida para hacerla más interesante con toda la variedad de gente, credos y culturas que nos brinda el mundo en que vivimos y, gracias a la globalización, nos acerca más y más a toda la raza humana.

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