27.4.04

La imagen de la Palabra

Una imagen, vale más que mil palabras. Pero probablemente no valga más que un millón de palabras. El problema es: nadie va a leer un millón de palabras, y por lo tanto, no tiene caso escribirlas. Mil palabras, se pueden leer, pero ¿para qué leerlas si puedes ver una sola imagen? Al parecer, ésa es la cuestión.

Actualmente estamos acostumbrados a aprender, divertirnos y entender más observando que razonando. No es algo malo, pero tampoco nos deja nada bueno. Al tener una imagen, algo así como un símbolo, podemos sintetizar un libro tan grande como la Biblia, con una cruz (por ejemplo). Pero no sabríamos que significa la cruz, si alguien no hubiera escrito la Biblia. Un símbolo o una imagen, necesita un registro anterior para que tenga un significado. Lo malo, y hago hincapié en esto, es que ahora a nadie le importan los registros. Y regresamos al mismo problema: nadie tiene por qué escribirlos, si nadie los va a leer.

Al desacostumbrarnos a leer, compramos menos libros, leemos menos periódicos, estudiamos menos y le sigue un largo etcétera a éstos efectos. Todo esto le quita ganas a escritores, porque aunque se escribiera más, no precisamente sería leído. Sería como patear el agua.

También provoca que los escritores “en potencia” nunca lleguen a serlo. Si alguien tiene la facultad de escribir, pero nunca llega a leer, jamás llegará a escribir. Es más, al escribir tienes que releer lo que ya se ha escrito, sólo para empezar. Así que la sociedad de los escritores está dormida, tal vez no muerta, pero sedada por la falta de lectores, en todos los aspectos.

La solución es que hay que ver la otra cara de la moneda.

Un ejemplo de esto es “amor”. Se puede tomar como 5 líneas rectas, 4 líneas curvas y una circunferencia, y el sonido que hace mientras abrimos la boca grande para la “a”, juntamos los labios para la “m”, hacemos una circunferencia para la “o”, y nuestra lengua vibra con la “r”. Y mucha, demasiada gente al leer sólo piensa esto, no lee entre líneas, y por consiguiente, no escribe entre líneas. Si así se lee, cualquiera se da cuenta de lo aburrido que resultaría escribir. No hay manera de que una palabra como “amor” llegue a apasionar a alguien, tal como lo que significa, si sólo se ven las letras.

El poder contrarrestar esto, está en cambiar la forma de ver una palabra, como un conjunto de líneas que forman sonidos, y empezar (o retomar) la idea de que una palabra, también es un símbolo. Películas, revistas, canciones, fotografías, ejemplos, acciones y guerras se han logrado por tan sólo la palabra “amor”, y muy pocas, si no es que ninguna, han logrado resumirla.

Tenemos que entender que una palabra, también es algo más, y así al ver escrito “amor”, veremos todo lo que significa, porque al fin y al cabo, “amor” también es una imagen que es captada por nuestra vista. Pero a pesar de todo esto, la gente sólo empezará a escribir otra vez, en el instante en que sepa que una palabra llega a decir más que mil imágenes.

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