22.3.04

Mito Urbano: Pinchazo de Muerte

Miedo. Miedo a algo que no se sabe si es verdadero o no, pero como le pasó al amigo de la prima…
Mejor no hay que arriesgarse.

Resulta a veces díficil creer que algo malo puede pasarle a alguien cercano, pero es aún más difícil creer que algo famoso nos pueda pasar a nosotros. Tal era el caso del “Pinchazo de la Muerte”. Déjenme ahondar un poco en el punto.

El “Pinchazo de la Muerte” fue una leyenda que surgió en México acerca de un grupo de sidosos resentidos socialmente que pinchaban con jeringas, armadas de su propia sangre infectada, a gente inocente en lugares concurridos. ¿Qué tan cierta es la historia?

La verdadera pregunta sería ¿hay gente tan loca? Y la respuesta es no, en general. Según cifras de la Dirección General de Epidemiología (DGE) de la Secretaría de Salud, quien tiene bajo su responsabilidad el Registro Nacional de Casos de SIDA, tres de cada mil mexicanos tienen el sida, es decir que en la Ciudad de México hay 66,000 infectados.

Ahora bien, hay sidosos que no saben que lo son, hay quienes no les importa serlo, hay otros que ya están en estado crítico y los que se lo toman con filosofía, y todos estos anteriores sumados son más que los “resentidos”. Por lo tanto, es muy difícil que haya tanta gente (la suficiente) como para crear un mito en una ciudad de 22 millones de habitantes.

Hay casos aislados de gente que sí está tan resentida que lo haría, pero son mínimos, muy pocos como para no tener el poder de hacer tanta alharaca como para generar esta historia por sus propios medios. Y aunque mil personas pincharan sería casi irracional relacionar el que una vez me picaron con algo con el hecho de tener SIDA.

A menos que…

Los medios. Unos maestros en buscarle tres pies al gato y tapar al sol con el dedo. No todos son manipuladores, pero algunos de los más malos son los que más se ven, lamentable y tristemente.

Aunque ya se ha tocado el tema en cuestión a nuestro nivel consciente (en un programa de radio) ¿habrá habido veces que lo han dicho sin que lo hayamos escuchado, aunque si lo hayamos oído? ¿y cuántas veces nos lo dijo alguna amistad o pariente?

Respecto a la última interrogante, es bien conocido (gracias a estudios de Lewin en los años 20) que la influencia interpersonal es más potente que la masiva, por lo tanto, podemos decir que le haremos más caso a nuestro amigo o pariente que nos lo relata, que a un televisor.

Pero no hay que olvidar que si de información se trata, los medios la tienen. Si ocurre algo relacionado con el SIDA, como es el caso, los medios no sólo te dirán qué ocurre, sino que además te dirán qué es el SIDA, porqué la historia es verídica, opiniones de doctores que hablen de la posibilidad de un contagio de aquella forma y muchos otros argumentos para fundamentar la validez de su nota.

De esta forma, lo cree alguien (llámese nosotros, llámese un conocido) que a su vez se lo cuenta a alguien cercano, junto con alguna base o dos que recuerde, las cuales son suficientes para generar un miedo o fobia al suceso, a pesar de que no fuera real.

Por último, si es cierto ¿qué pena deberían tener aquellas personas que pinchan?. No sé cuál sea la condena por tortura (creo que de 9 a 12 años) pero así deberían ser tratados los pinchantes de SIDA.

Pero los medios, a ésos deberían darles dos cadenas perpetuas. La primera por hacer una tormenta en un vaso de agua, puesto que por más que se alertara de dicho peligro, sería muy difícil prevenirlo. La segunda por dar ideas. Ideas a gente que no las había escuchado, y no tenía porqué hacerlo. Tal vez a la persona que oiga en las noticias eso le parezca una buena idea y diga “¿Por qué no se me había ocurrido?”.

Ciertamente hay que cuidarnos de la gente loca, hay que cuidarnos aún más de que no tenga nuevas ideas la gente loca, pero sobre todo hay que cuidar más a la verdad.

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